Este que aparece en la foto mirando de reojo, como si le hubieran pillado tomándose un whisky en vaso de plástico es mi primo Alberto que tuvo el mérito de acabar con el gemelo maltrecho. Y dice que piensa volver.
Menuda carrera la media maratón de Soria. Menos mal que no me la perdí porque esta es de las carreras que recordaré durante mucho tiempo. Es una carrera a la que le han cambiado, entre otras cosas el recorrido y esta era mi primera participación y yo iluso de mi pensé que el cambio había pasado de duro a menos duro. Parece que no es así, parece que la cosa ha ido a más.
Salimos 289 carreristas a las seis en punto de la tarde del campo de Los Pajaritos a 30º. Sí, no me he equivocado, Soria, Septiembre, seis de la tarde 30º. Y menos mal que hace un mes decidieron retrasar una hora la salida. Se sale sobre pista de atletismo en perfecto estado y nos encaminamos sin pérdida de tiempo al centro de la ciudad y al parque de la Dehesa. Mucho público animando. A esas horas de la tarde se juntas las familias que van al parque, los que salen de comer de los banquetes de bodas y los abuelos que están suelen estar por allí todo el año. En el kilómetro cinco se encuentra el primer avituallamiento. Observo una mesa llena de vasos y una fila de esponjas. Cojo el primer vaso me lo echo por la cabeza, porque de calor iba sobrado, sigo corriendo, saludo a la familia y me da tiempo a coger otro vaso de agua del que solo quedaba la mitad. Seguí corriendo porque era el kilómetro cinco y apliqué la técnica de apretarlo por la embocadura y beber por un lado…. Pero el vaso era rígido y casi todo el contenido fue al suelo.

Continuamos por San Andrés y García Solier hacia la estación de autobuses zigzagueando por las calles con tendencia a subir, pero con sus correspondientes bajadas. Mucho público, mucha animación. Lo que se llama un rompepiernas. En el kilómetro 10 vuelta al avituallamiento de vasos rígidos y de esponjas. A la vez vasos y esponjas, no da tiempo a todo. Todavía me resisto a parar para beber, sigo corriendo. Bebo un vaso casi lleno, me echo otro por la cabeza, cojo una esponja, ¿Para qué si parezco una rana? .
Los siguiente kilómetros transcurrieron por la Barriada, que es un conjunto de casas de planta baja con trazado rectangular donde se entra en una calle para salir en otra en distancia de no más de doscientos metros. Una curva, otra curva, otra. Dado el escaso número de carreristas, había tramos en los que me encontraba solo en la calle y como guía una flecha en el suelo que indicaba la siguiente vuelta o un voluntario, de los muchos voluntarios, situado en medio de la calle con una señal de tráfico en la mano que indicaba el camino a seguir. Flecha para los carreristas, señal de prohibido para los vehículos motorizados.

Recién salido de la Barriada, pero con indicios anteriores, comienzo a notar una sequedad en la boca fuera de lo normal. Me costaba hasta mover, hasta chascar la lengua.¿Me estaré deshidratando? No tenía mareos, ni veía visiones, espero no verlos nunca, pero los indicios me parecieron claros. Seguía el rompepiernas. Veo a un carrerista parado y bebiendo agua de una botella que le había dado una persona del público. Estaba claro lo que debía hacer. Ha toda familia que veía, con niños, sin niños, abuelas, les pedía agua, una botella, lo que tuvieran. Necesitaba beber agua antes del avituallamiento del kilómetro quince, que no llegaba, que dudaba de poder alcanzar. Me encontré con una señora y dos botellas en su mano izquierda. ‘¿Señora, me puede dar agua?’ ‘Hay, lo siento, no puedo, son para mis nietos’. Recuerdo que solté un juramento y una voz detrás que decía, ‘Señora escóndalas que se las van a seguir pidiendo’. Este es uno de los hechos más tremendos que me han ocurrido en una carrera. Cómo doscientos metros más adelante hice casi una petición pública a la afición que se encontraba allí y en esta ocasión un alma caritativa, hasta con una sonrisa, me dio la botella y hasta se disculpó por no tener más. ¡Es duro esto de pedir! .
Acto seguido cuestarrón que no tenía procesado, la de la calle Merineros y un poco más allá el avituallamiento del kilómetro quince. Esta vez si, esta vez, me paré, cayeron dos vasos de agua y otro por la cabeza, pero tranquilamente. Sin correr. Y seguí … Según mís cálculos, de ahí hasta el final la tendencia era claramente hacia abajo. Desde Santo Domingo hasta el kilómetro diecinueve hay tres kilómetros casi de caída libre. A la altura de la calle Santo Tomé, coches en movimiento por la calzada en perfecta comunión, un carrerista, seguido de algún que otro coche y así. Los de la organización estaban por todas las esquinas pero de vez en cuando se escapaba algún conductor al que le podían los nervios.
Se llega a la ribera del Duero siguiendo el Paseo de San Prudencio donde estaban mis tíos Jaime y Puri animando y donde un poco más allá comenzaba el final de carrera más bestia que he sufrido en una media. Es alrededor de un kilómetro y medio de subida en tres tramos, el último de los cuales de unos cuatrocientos metros y fuerte desnivel me dejó a punto de claudicar pero el pensar que en la última curva estaba la familia esperando me dio fuerzas para terminar y tumbarme en la hierba del campo de fútbol que es lo que hice nada más cruzar el arco de meta.
Es la media con más animación de público de todas las que he corrido y es de agradecer a la organización el reto que se han planteado de mejorar la carrera actualizándola a los tiempos que corren. El mayor de todos, el plantear una carrera que prácticamente paraliza la ciudad, ya que pasa por todo Soria durante más de dos horas con la dificultad que eso conlleva. En gran medida eso se consiguió aunque hay cosas que mejorar, comenzando por lo más sencillo. Dar botellas de agua en lugar de vasos que hay que andar llenado y luego no da tiempo a beber y luego viene lo de tener visiones.

Independientemente de la temperatura esta es una carrera muy dura, más de lo que pensaba, con bastante cuestas cortas pero muy pronunciadas y otras largas y más tolerables. Decir que llegamos 240 carrerista de los 289 iniciales, que el tiempo del ganador Nacho Cáceres fue de 1h 13’ y el de la ganadora Dolores Pulido fue de 1h 27’, que el tiempo del corredor que quedó en la posición 120 o sea en la mitad de la carrera fue de 1h 49’ (cuando lo normal en una carrera con este número de corredores viene a estar entre 1h 35’ – 1h 40’ ) y que yo llegué en 1h 52’ y me doy más que satisfecho.
Para todos aquellos amantes de las emociones fuertes, al año que viene se repite la experiencia.
Quiero dar las gracias a Antonio, Alberto y Goyo a sus familias y toda la gente con la que tuve oportunidad de compartir un rato que no voy a olvidar fácilmente.
Clasificaciones pinchando
aquí.