
Acabé tan cansado después de la carrera del Burgo, que hasta hoy no he tenido ganas de escribir nada. Afortunadamente hay pocas cosas que se resistan al descanso.
Me presenté con Nati entrando al pueblo por la plaza de la catedral y me sorprendió ver a cantidad de gente engalanados con finos paños, trajes que uno intuye caros o muy caros. Extraña forma de vestir un día de carrera, hasta que caes en la cuenta de que había boda en la catedral. Debía ser una boda de las que salen en los programas del corazón, así que estar atentos.
Un poco más tarde y ya con el dorsal sujeto a la camiseta me encuentro a Jan que estaba estirando cerca de la salida. Me dice que está un poco tocado de la pierna y que correrá hasta considere oportuno. Sabia decisión. Le pido consejo sobre un bar donde tomar un café, me indicó uno próximo. Es un bar de rumbo, con paredes de piedra y butacones de piel, donde seguían omnipresentes los invitados de la boda con esos pelos cardados o engominados, según. Lo cierto es que me sentí extraño vestido de carrerista con número en pecho en bar de semilujo, acostumbrados al JJ de La Elipa. Hablo por el móvil con Óscar. El tío está en Madrid vuvuzela en mano.
A las siete en punto comienza la carrera. Es completamente llana en circuito a tres vueltas, la temperatura es de 32 ºC a la sombra. Salgo con Jan y con otro colega que llevaba la camiseta de Gasol de los Lakers. La primera vuelta se me hace igual de dura que el año pasado. Hay un tramo de un kilómetro o kilómetro y medio al sol muy exigente, y eso que es la primera vuelta. Saludo a unos colegas que me habían venido a ver desde Madrid, ya son ganas, gracias muchachos. Al primer paso por la línea de meta empiezo a ver a carreristas sentados en las aceras, no menos de cuatro. Parece que la primera vuelta ha pasado factura. La segunda no se me hace tan dura, se nota que aumentan las zonas de sombra. Alcanzo a un corredor de Logroño, me dice que es su segunda media, lo noto tocado. Anduvimos junto tres o cuatro kilómetros. Al segundo paso por meta no me encuentro mal. Cada tres kilómetros hay agua o esponjas. Estuve a remojo durante toda la prueba. Sensación de piel húmeda, como si fuera una rana. En uno de los tramos, al igual que el año pasado hay un paisano con una manguera. Refresco extraordinario para volver de nuevo al calorón.

Todo fue más o menos con arreglo a lo previsto hasta el kilometro diecinueve, momento en el que me entra un agotamiento generalizado. No es que me doliera una parte concreta del cuerpo, era un malestar general de aupa. Sucede que puesto que faltaban dos kilómetros para la meta decidí acabar como fuera. Y así fue como llegué a la meta, de cualquier manera. Decir que esta ha sido la primera vez que me ha dado por pensar. ¡Pero qué estoy haciendo!. A doscientos metros de la meta alguien me anima llamándome por mi nombre, es Jan. Os parecerá una tontería pero me levantó la moral. Me hubiera gustado comentar con él la jugada al finalizar. Otra vez será. Gracias Jan.
Además en la línea de meta me estaban esperando Nati y los colegas de Madrid, que habían venido a verme, ¿os he dado las gracias? Ya os vale. Gracias una vez más. Entre todos me hicieron recomponer cuerpo y mente. Sobre todo la mente. ¡Qué sensación de hartazgo!. Pero de hartazgo en general. Bueno, a lo mejor no tanto. Este mes toca descanso y la siguiente prueba será la popular de nuestro barrio de La Elipa el segundo domingo de Septiembre. Eso sí, el año que viene me pienso dos veces lo de hacer este raid, esta locura con semejantes temperaturas. El tiempo fue de menos de dos horas, que ya es sudar. Ah!! Hasta Julián llamó para interesarse por cómo había terminado todo. Menudo figura.
Decir que la organización es fantástica y que la voluntad de los organizadores es que sea una prueba dura. Nada que objetar.
Para Nati. Un beso.
Jaal