
Estaba el runner Óscar en un bar en Leganés junto al tradicional café con leche poniéndose el dorsal de la carrera que empezaba una hora más tarde. La escena era observada por un parroquiano que previamente se había pedido un segoviano con coca-cola (light por supuesto) y que tenía la pinta de haberse levantado de la cama hacía un momento. Cada uno desayuna lo que quiere. Llevaba una camiseta de tirantes estilo carrerista, pero no daba la impresión que se fuera a presentar hoy. Por la forma de mirar le hubiera causado menos impresión ver a un extraterrestre que a alguien ponerse la matrícula de una carrera popular. La escena podría ser de Chaplin.
Los primeros kilómetros fueron más o menos llanos. Hacia el kilómetro tres veo una gacela que automáticamente me transportó a la sabana del Serengueti y pensé que mi psiquiatra me había cambiado la medicación antes de tiempo. Pero no. Se trataba de Gacela de Vallecas que iba veloz camino adelante. Poco a poco me fui serenando y cayendo en la cuenta de dónde estaba. Encontrarte con un blogero por primera vez es como encontrarte con un famoso al que respetas y del que solo lo has visto en la prensa o en la televisión, así que impresiona un poco presentarse, pero una vez roto el hielo se reconoce el veneno carreril. No hay más que verle los ojos. Se reconocen los venenos. Daba la casualidad que inmediatamente después de las presentaciones comenzaba el cuestarrón de la carrera. Como los correteadores somos gente educada y no es de recibo callarse después de las presentaciones, subimos el cuestarrón del cementerio charlando como si estuviéramos en un cóctel. Por respeto no le dije a Gacela de Vallecas que me estaba quedando sin resuello. Afortunadamente la cuesta se acabó cuando estaba llegando a mi límite y un poco más adelante nos deseamos suerte y seguimos cada uno a nuestro ritmo.
Ah!! y visitar su blog, lleno de humor carreril y buenas vibraciones.
Para finalizar había que ver llegar al runner Oscar esprintando durante los cuatrocientos metros finales como si fuera Michael Johnson desatado. Se conoce que calculó mal la distancia, se le pasó rápido el tiempo y debió pensar que estaba en el kilometro siete. Cuando quiso darse cuenta llevaba en la mano la bolsa del avituallamiento. Será posible. Los tres hicimos menos de cincuenta minutazos. Esto se está convirtiendo en una costumbre.
(Te tomamos prestada la foto Gacela, estamos escasos de material audiovisual)