He salido del hospital. Esto es una buena noticia por dos motivos. Primero por el afecto que he recibido de todos los que os dais una vuelta por aquí, y que sin duda ha contribuido a mantener el buen estado de ánimo durante los ocho días que he estado encerrado. Muchas gracias a todos.
Segundo porque aunque sigo sin saber la causa que origina estos vértigos o mareos o como quiera que se llamen, al menos me han dado un tratamiento para paliar el efecto cuando me vuelva a dar el chungo. Yo creo que sin encontrar la causa difícilmente se pueden evitar las consecuencias. Se puede desear que no vuelvan a suceder, pero no nos engañemos. Ahora los tiros apuntan al oído interno y medio, descartando asuntos diabéticos. Seguiré con más pruebas y martingalas.
Por supuesto no he descuidado el entrenamiento. La indumentaria era el pijama del lugar. Menos mal que era pijama y no la bata culera. Cuando el primer día me quité la ropa de calle y me puse el pijama, me recordó el momento en el que hace muchos años hice lo mismo pero en lugar de pijama me puse el uniforme del ejército en el servicio militar. Al ponérmelo es como si de repente estuviera en otra dimensión con aparición de un estado emocional estilo “a ver que pasa” y por supuesto sometido a las normas del lugar. Entrada en modo hospitalario.
Sobre el entrenamiento decir que estos días he doblado, cuando no estaba de pruebas o descompuesto. Sí, como los profesionales. Sesiones de mañana y tarde. Por la mañana unos cuantos pasillos a trote hospitalario, o sea casi arrastrando los pies y dejando caer los hombros con zapas invernales de estar en casa, en compañía de Felipe que es un ilustre inquilino y del que desde aquí deseo una pronta y airosa salida de la jaula. Y además le mando un cordial saludo. El paso de Felipe es más vivo que el mío pero tiene el riesgo de llevarse por delante camilla, camillero y botella de oxígeno.
Después del pasillo, sesión de 45’ de bicicleta estática a tercera y cuarta velocidad. Quedó dicho que la bici es de los años sesenta o setenta pero con cinco velocidades. Se puede decir que sin forzar y sin casco. O sea arriesgando.
Por la tarde más de lo mismo. Mi estado físico sigue siendo el de un roble con peligro de desprendimiento de ramas y tronco. Pero bueno ahí seguimos.
No he podido leeros estos días, pero mañana le pongo remedio.



