Llegas al Palacio de Correos (ahora Ayuntamiento) el día de la maratona y te encuentras a una colección de famosos que ni en Cannes. Por allí estababan Ingrid Bergman, Cary Grant, Bogart o Lauren Bacall, y es que cuando te encuentras con una acumulación semejante de personas que escriben en blogs y de los que conoces sus inquietudes, sueños, metas, retos pero nunca has hablado con ellos, a pesar de todo, es como si les conocieras, es la continuación de una conversación que en algunos casos llevamos manteniendo durante mucho tiempo. Realmente es la plaza del pueblo, una plaza grande. Por ese motivo, los que nos desplazamos de la provincia de La Elipa crecemos como personas al compartir estos momentos. Cuando Alberto, Charli, que iba a acompañar a Alberto durante unos kilómetros y yo, nos presentamos en la zona de quedar no salimos de nuestro asombro ante tanto famoso y todavía sigo sin salir de él. Mis dos compañeros supongo que tampoco. No puedo enumerar la lista de colegas que nos juntamos allí, me dejaría a muchos.
La primera parte de la carrera la hice con Klass y esas Malas Influencias, con el planteamiento escrito en la entrada anterior. Los primeros kilómetros a 6 min/km. A los maratonianos de pro podrá pareceros un pecado pero los primeros 15Kms los hicimos comentado la jugada. Que si el “corredor fotógrafo”, que si el “corredor bodega” . Que sí, “¿Klass, como se llama ese que va por allí?” “Ah, pero ese hombre es el ultramaratoniano, si, pero ¿Cómo se llama?” . Nos pusimos a su altura y preguntamos “Hombre qué tal. Un placer. ¿Cómo te llamas que no nos acordamos?”, “José”, “Sí. Si, pero José qué más”. “Moratinos, José Moratinos” “Hombre don José te veo muy bien”, “Pues si”. Iba el hombre con una sonrisa de oreja a oreja.
Animación, foto por aquí, Puerta del Sol, tunel de propina con cuesta en el Palacio de Oriente “¿Qué tal vas de piernas Klass?” “Bien, bien”. Claro, Klass iba como un tiro. Llegamos a la media en 1h 59’ y no tardamos más, probablemente, porque no nos dio la gana. Hacía una temperatura extraordinaria para irse de carreras. Una vez en la Casa de Campo, Klass continuó a su ritmo natural más ligero y yo me quedé bajo los árboles al trote. Me llama Charli que había acompañado a Alberto 30Kms. Casi le sale más a cuenta terminar la maratona, que regresar desde la Casa de Campo al barrio. Es otro perdido para la causa, al año que viene aquí lo tenemos de finisher.
Salgo de la Casa de Campo y me encuentro a Saturnino y Sonia, estos mozos de León que perseguían un sueño y a fe que lo perseguían con paso firme. Nos deseamos suerte y me empiezo a mentalizar para la cuesta de Calle Segovia. Me duelen las piernas cuando lo recuerdo del año pasado. Hoy la he subido sin problemas, me ha costado pero no hacía tanto calor y eso ayuda. Subida por el Paseo Imperial , buen ritmo. Un poco más arriba en el Km 37 me llama Carol y su marido Santi que habían bajado a ver a este procesionario. Me sube la moral una barbaridad, por un momento se me quitó el cansancio, me vine arriba. Esto de que te den ánimos es extraordinario.
Sin embargo el paso de los kilómetros es el paso de los kilómetros e iba notando que el depósito se estaba quedando sin gasolina. Al llegar a Atocha en el kilómetro 39 decido subir el cuestón de Alfonso XII corriendo. Puestos a hacer la locura, hagámosla del todo. Si me da el cacharrazo pues termino andando. Aunque estuve a punto de rendirme, subí corriendo, no sé si al final era capaz de levantar los pies un centímetro, pero subí y de ahí al final fui casi repartiendo besos a la afición. En la puerta del Retiro me esperaban Nati y Guillermo que hizo el último kilómetro conmigo dando una exhibición de pundonor y poderío. Es la primera vez que disfruto durante el último kilómetro de un maratón y por un momento lamenté que se acabara. Fue un instante de enajenación mental fruto de la paliza. En la anterior maratón, en Zaragoza, me di contra el muro en el kilómetro 40. En esta ocasión no me lo he encontrado pero he sentido su venenoso aliento. Andaba cerca. Mi tiempo ha sido de 3h 56’ 55’’. La primera vez que bajo de cuatro horas. La segunda parte de la carrera un minuto menos lenta que la primera (1h 59' - 1h 58')
Con esto termino mi tercera maratona. Ha sido un placer haber compartido carrera con Klass, Alberto y Charli. Mención especial para Raúl, probablemente el único maratoniano que se presentó sin dormir y un recuerdo para Gacelas de Madrid a los que perdí de vista cuando faltaban bastantes minutos para la salida pero de los que me consta que acabaron en perfecto estado de revista.
Gracias a Nati y a Guillermo por su santa paciencia.


