Todas las cosas tienen sus peculiaridades, los maratones también, el Mapoma también. Sabemos que un maratón tiene claramente definidos sus tormentos, el muro, el calor o el frío, las cuestas, dolores variados, desasosiego generalizado en algún momento o hasta llegar al final. Aparte de estas generalidades cada maratón tiene esas pequeñas cosas que inciden o no en el tormento. El Mapoma tiene los suyos, así a grandes rasgos veo dos partes-tormento importantes, la primera el paso por la Casa de Campo después de dejar las multitudes de la Puerta del del Sol y aledaños, donde se oyen las respiraciones del personal y hasta los propios pensamientos y se toma conciencia de dónde estamos. La segunda que ahonda en la anterior se corresponde con los últimos nueve kilómetros que ya sabemos que son cuesta arriba. La primera va de los kilómetros 25 al 32 y la segunsda del 35 al final.
Cada una de las dos partes-tormento está dividida en microtormentos. En las dos veces que he corrido el Mapoma las trompetas del purgatorio sonaron al comienzo de la segunda parte, en el kilómetro 35 con ese cambio de nivel brutal y que está al comienzo de la calle Segovia, sí la de la foto de arriba. No es muy larga 300 - 400 mts, pero a esas alturas el cuerpo ya no está para bromas. Al terminar esta cuesta, se atisba el desenlace favorable de la carrera aunque queda lo mejor. La primera vez la terminé de subir andando, la segunda algo más parecido al correr.
Hay estados que están en otros planos de la realidad como el no-tormento y que consiste en no poder acceder al tormento aún queriendo. Ese es mi caso. Es curioso, preferir el estado de tormento al no-tormentoso. Se sabe de la voluntad masoquista de los carreristas, pero es que al final se alcanza …..
.....el éxtasis
Solo me falta desearos justicia a los que vayais bien preparados y suerte al resto y que para bien sea un día inolvidable.