Esta tarde me he marcado un entrenamiento al dictado del plan Mapoma. Hoy tocaba carrerilla previa, dos series de tres mil metros(2x3000) y otra carrerilla con sus estiramientos para finalizar. Me he presentado en el parque de la Fuente del Berro, a media soledad. Tratándose de este parque, las soledades están divididas en media soledad que coincide con el anochecer y la amanecida y las grandes soledades que se producen al correr de noche y a ser posible con frío o lloviendo. Aunque el parque es pequeño, durante la noche se ven las siluetas de las sequoyas y eso le da al ambiente un tono majestuoso e imponente de gran soledad.
Como decía he ido al entrenamiento con pocas ganas haciendo las series en casi dieciséis minutos cada una. El objetivo era haberlas hecho en quince pero estaba cansado y no me apetecía acabar con la lengua fuera. De todas formas, que será esto de la motivación. En el parque me cuesta horrores bajar de cinco minutos el kilómetro las pocas veces que lo he intentado. Sin embargo en las carreras de diez mil he llegado a hacer promedios de hasta 4’40’’, que no es que me vayan a dar una medalla, pero uno es conformista y le parece extraordinario. Tendré que pensar sobre eso con más detenimiento.
Al llegar al parque, estaba un abuelo con el nieto jugando al fútbol. Concretamente le estaba enseñando a rematar de cabeza. El abuelo tampoco es que fuera Santillana. Una hora más tarde, cuando he terminado, seguían abuelo y nieto dándole al balón. Fortaleciendo la cabeza.
Hoy parece que había llegado la primavera a Madrid.