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domingo, 27 de junio de 2010

Carrera de San Juan (Leganés) - Crónicle

Estaba el runner Óscar en un bar en Leganés junto al tradicional café con leche poniéndose el dorsal de la carrera que empezaba una hora más tarde. La escena era observada por un parroquiano que previamente se había pedido un segoviano con coca-cola (light por supuesto) y que tenía la pinta de haberse levantado de la cama hacía un momento. Cada uno desayuna lo que quiere. Llevaba una camiseta de tirantes estilo carrerista, pero no daba la impresión que se fuera a presentar hoy. Por la forma de mirar le hubiera causado menos impresión ver a un extraterrestre que a alguien ponerse la matrícula de una carrera popular. La escena podría ser de Chaplin.

Efectivamente. Es Domingo, me he levantado antes de las siete. Hay carrera. Hoy toca la XXXIII edición de la carrera popular de San Juan en Leganés. Es una de las carreras que más ediciones cumple de Madrid junto con la media de Moratalaz y el Maratón. Al ser carrera organizada por un club de atletismo se nota que está pensada para facilitar las cosas al corredor al igual que la que corrimos hace una semana y al igual que la de hace dos. En este caso era el Club de Atletismo de Leganés. Muy bien por el Club de Atletismo de Leganés.

El día estaba nublado y plomizo y no hacía mucho calor pero si humedad, motivo por el que al hacer el trote de calentamiento comencé a sudar como un choto y en el momento de la salida tanto el runner Óscar como yo caímos en la cuenta de que no habíamos tomado ni un triste vaso de agua y además el café es diurético y la boca seca y … Vaya forma de empezar.

Los primeros kilómetros fueron más o menos llanos. Hacia el kilómetro tres veo una gacela que automáticamente me transportó a la sabana del Serengueti y pensé que mi psiquiatra me había cambiado la medicación antes de tiempo. Pero no. Se trataba de Gacela de Vallecas que iba veloz camino adelante. Poco a poco me fui serenando y cayendo en la cuenta de dónde estaba. Encontrarte con un blogero por primera vez es como encontrarte con un famoso al que respetas y del que solo lo has visto en la prensa o en la televisión, así que impresiona un poco presentarse, pero una vez roto el hielo se reconoce el veneno carreril. No hay más que verle los ojos. Se reconocen los venenos. Daba la casualidad que inmediatamente después de las presentaciones comenzaba el cuestarrón de la carrera. Como los correteadores somos gente educada y no es de recibo callarse después de las presentaciones, subimos el cuestarrón del cementerio charlando como si estuviéramos en un cóctel. Por respeto no le dije a Gacela de Vallecas que me estaba quedando sin resuello. Afortunadamente la cuesta se acabó cuando estaba llegando a mi límite y un poco más adelante nos deseamos suerte y seguimos cada uno a nuestro ritmo.

¡¡Eres grande Gacela !! Nos veremos en otras aventuras.

Ah!! y visitar su blog, lleno de humor carreril y buenas vibraciones.

Para finalizar había que ver llegar al runner Oscar esprintando durante los cuatrocientos metros finales como si fuera Michael Johnson desatado. Se conoce que calculó mal la distancia, se le pasó rápido el tiempo y debió pensar que estaba en el kilometro siete. Cuando quiso darse cuenta llevaba en la mano la bolsa del avituallamiento. Será posible. Los tres hicimos menos de cincuenta minutazos. Esto se está convirtiendo en una costumbre.

(Te tomamos prestada la foto Gacela, estamos escasos de material audiovisual)

Jaal

jueves, 24 de junio de 2010

España - Chile

De vez en cuando dedicamos unas líneas a algún deporte marginal. No se si sabéis que el Viernes juega España contra Chile al fútbol en el mundial que se celebra en Sudáfrica. Me imagino que lo habréis leído por ahí. La cosa es que si España no gana hay muchas posibilidades de que estos muchachos tengan que volver a casa. Los augurios son buenos pero los chilenos se han llevado un arma secreta.

En la foto se puede ver a Bruno Sandoval mostrando una bandera chilena sobre un fondo apocalíptico al estilo “La Carretera” de McCarthy. El origen de esta devastación fue un terremoto en la región de Pelluhue. Bruno parece decir: "seguimos vivos y estamos dispuestos a resistir lo que haya que resistir". Y además con una serenidad que impresiona.

Bien, pues esa misma bandera la enviaron con la selección chilena para que sus jugadores se motiven cuando todo parezca ganado o perdido. Para que piensen en ello.

Hay que verlo.

El autor de la fotografía es Roberto Candía.

Información original de El País.

Jaal

martes, 22 de junio de 2010

Caurca 2010 - Crónicle


Domingo antes de las nueve, suena el despertador. Hay carrera. Quedamos el runner Oscar y yo en las fauces del dragón y de ahí al gym del Carlos, entiéndase cafetería J.J. a tonificarnos el paladar. Una pareja que daba cuenta de un gim o algo parecido y con ojos de color rojo Caurca (ver camiseta de foto superior) y no precisamente producido por cloro de piscina, reconoce a Óscar. Esto se pone bien, verás como en lugar de ir a Carabanchel acabamos con estos de farra. . No me extrañaría que algún día de carreras acabáramos tomando el aperitivo sin enterarnos de donde está la salida carreril. Pero hoy no era el día así que nos fuimos a la plaza Elíptica.

El hecho de levantarse a estas horas de Domingo da derecho a ver cosas insólitas. Pudimos ver una de ellas a unos doscientos metros de donde se encontraba la pancarta de salida. En la misma calle. Nos encontramos con este coche al que se le supone infractor de varias cosas. El atento lector se dará cuenta de que hay dos señales de tráfico que están sobre el coche, no junto a o detrás de. Sobre el coche. Es una forma moderna de comunicar al infractor las faltas que ha cometido y como se supone que la autoridad o quien fuese no tenía papel y lápiz para hacerlo amablemente, optó por hacerle sentir de cerca las señales incumplidas. Ante la imposibilidad de inmovilizar al vehículo de forma ortodoxa procedió a meterle unos palos de fregona en las ruedas. Obsérvese también dónde estaba aparcado el cochecillo. No se respeta cruce, ni paso de cebra ni cosa que se le parezca. Vaya una gamberrada por otra gamberrada.


Pero hablemos de la carrera. Primeramente decir que todos los detalles organizativos estuvieron en su punto, por lo tanto muy bien la organización de Adcorebo. Respecto a las impresiones carretiles también bien. Era la tercera vez que nos presentábamos, conocemos el recorrido y se sabe donde hay que contenerse o lanzarse cual cabra loca cuesta abajo. Mi objetivo era subir la calle Secuoya, kilómetro siete, sin tener la sensación de estar medio muerto, que fue la sensación que tuve en las dos ediciones anteriores, así que me centré en eso y la verdad es que subí con soltura. A ver, tampoco es una soltura del tipo, “muy buenas sensaciones”, pero vamos que no me quejo. Al final llegamos en 50’. Minuto arriba o abajo.

La nota acongojante me sobrevino al llegar a la meta. No se si un poco antes o un poco después de mí, entró un chavalillo que debía tener no más de catorce años y no abultaba tener ni doce y vestía camiseta de un club de atletismo. Estaba completamente descompuesto en la meta y me dio la impresión que se había pasado varios pueblos sobre su capacidad máxima permitida. No exagero nada si digo que se tenía de pie con bastante dificultad. Le pregunté si estaba bien, me dijo que si y se fue tambaleante hacia la salida. Escenas como esta son inusuales pero no es la primera vez que veo algo parecido. Ver sufrir a un chaval. Padres, entrenadores o quien corresponda. Esto no es así.

A modo de ilustración he incluído unas fotos del inquietante dragón del barrio que permitió que este domingo nos acercáramos más de la cuenta porque nos tiene cierta confianza. Si venís por aquí poneros como mínimo a diez metros de distancia o correreis el riesgo de achicharraros.

Jaal


jueves, 17 de junio de 2010

Más perdido que, que….

(Más perdido que un runner de La Elipa en el gimnasio I)

Hemos tomado la decisión de mejorar. Sí. Así, sin más, porque nos da la gana. La intención no es ir más rápido si no hacer mejor las cosas, fortaleciendo los músculos que sea necesario fortalecer. Los de la espalda, abdominales y otros que nos vayamos enterando o que nos molesten. Los otros runners me han mandado a mí de avanzadilla a enterarme. Concretamente el runner Oscar dice que antes muerto que meterse a un .... Pero en lo que coincidimos es en lo de que hay que mejorar. Va y dice, “pues si se trata de mejorar métete tu y nos cuentas”. Cuando se lo sugerí a Natalia salió corriendo por patas mientras decía, “si, si que buena idea mejorar”.

Así que me fui por poderes al gimnasio. A la aventura. Era la primera vez que me metía a un gimnasio a hacer deporte. Las otras veces he ido a esperar a alguien a la salida. Pregunté a Paco, que es un experto en la materia, que demonios había que llevar y entre otras cosas me dijo que una toalla. Me presente al polideportivo municipal con una toalla de playa como si fuera a tomar el sol. Una pareja que estaban ejercitándose por allí me miraron de forma extraña pero no me importó. “Qué pasa si vengo a tomar el sol al gimnasio”. Solo había dos pero luego vinieron más.

Yo tengo el convencimiento de que los que somos de aldea, lo somos para siempre, sin ir más lejos La Elipa no deja de ser una aldea de Madrid. Lo que quería decir con esto de la aldea es que no dejan de sorprenderme determinadas cosas. Por ejemplo, entro a la sala de ejercicios y me encuentro con un montón de cacharros que parecen máquinas espaciales. Me refiero a las cintas de correr, bicicletas estáticas, esas cosas. Como no había monitor me subo a una cinta de correr para intentar comprender. Me quedé perplejo. A ver, una cinta para correr sirve para eso, te subes y adelante. Sí pero, cómo hacer que funcione. Llamo al monitor y me da instrucciones precisas, entendí su funcionamiento a la tercera. No está mal. Más velocidad, menos, más pendiente. Controlada la situación. La cinta lleva incorporada una televisión. Y para que quiero una televisión si ya hay una encendida en mitad de la sala poniendo vídeos musicales sin parar. A mi estas cosas me dispersan. Pongo la tele de la cinta. Sale Karmele. Joder. Quito la tele inmediatamente. A los dos minutos de estar correteando en cinta, empiezo a notar una ligera brisa que me da justo en la cara. Brisa marina, del Cantábrico. ¡ Pero de dónde sale esto! Que no quiero aires, coña ¡!

Pero lo más desconcertante estaba por llegar. Suelo escupir cuando corro. No para impresionar, si no porque me sienta bien. Cuando voy relajado, o sea casi siempre, procuro recrearme, hacer que dibuje una parábola lo mejor trazada posible y de una pieza, sin escupitinajos ni babas sueltas. A los ocho minutos de cinta el acto reflejo preparaba en boca la inminencia del lanzamiento, pero afortudamente caí en la cuenta. “Voy a poner bueno al que tengo al lado” Así que me lo tragué. Esto también es la primera vez que me sucede.

Acabé de correr en cinta y la monitora muy solícita me fue haciendo un circuito de otras máquina más comprensibles de ejercitar. Me va a llevar tiempo acostumbrarme a esto. Ya seguiré contando.