Cuando cada 31 de Diciembre empiezo a correr por Concha Espina recuerdo las sensaciones de hace exactamente un año por estas fechas. En general antes de la salida hay bastante nerviosismo para la entrada a los cajones y a medida que se acerca la hora del comienzo hay todavía más . Sospecho que cuando de menor tiempo sea el cajón y menos falte para la salida, la presión puede aumentar hasta la llegada del exabrupto y las chispas, ya que los empujones se dan por descontado.
Pero no importa. Al comenzar a correr, y eso que salíamos los últimos de la primera tanda, empezaba a quedarse algún carrerista como sin aliento y en ese momento vuelves a recordar lo de cada año, que vas a tener que andar sorteando carreristas pero también te van a sortear, de tal modo que los 10 Kms son una suerte de eslalom donde las puertas a regatear están en movimiento y uno mismo es una puerta en movimiento de tal modo que simultánemente se es un adelantador adelantado en zig – zag y a veces no sabes si esto es una carrera o es que he tomado una copa de más.
Respecto a las rutinas de las que hablaba en la entrada anterior, decir que algunas han cambiado y otras han desaparecido. Me ha dado la impresión que se ha tirado bastante menos ropa que otros años en la salida. Pero lo que es cierto, es que ni estaba la música de los AC/DC en la salida, ni los Leño en el Puente y me ha parecido que la calle Candilejas estaba menos oscura que otros años. Una rutina que si se ha cumplido es la de los bares próximos a Concha Espina con el cartel de “Cerrado” mientras se veía en su interior parroquia sin ningún apremio por marcharse. “Cerrado” los bares a carreristas por utilizar los aseos sin consumir y aún consumiendo.
Jaal


